PLANTAR UN ÁRBOL

Es común encontrarse con listas de “cosas por hacer antes de morir”. Las opciones son muy variadas y van desde aprender idiomas o practicar algún deporte, hasta visitar países extraños, pero la que siempre está presente, en el top 5, es sembrar un árbol.

 

Sembrar un árbol tiene profundos significados que abarcan temas como la espiritualidad, el cuidado ambiental, la conservación del agua y la permanencia de la vida en el planeta.

 

La magia de los árboles

 

Si en algún lugar tiene la felicidad su morada, seguro que se encuentra a la sombra de un árbol viejo. ¿Quizá se halle escondida entre sus frondosas ramas? Allí está siempre esperándome y allí la encuentro siempre que la extravío.

 

 

Ignacio Abella

 

Desde el origen de la humanidad los árboles han tenido significados especiales, siempre relacionados con la vida, con lo sagrado o con lo divino. Los árboles representan la unión con la Madre Tierra, con nuestras raíces, con los antepasados y con la familia.

 

Espiritualmente, sembrar un árbol representa establecer una conexión con el universo, con el aquí y el ahora, pero que trasciende al futuro y genera un lazo, con el poder de la naturaleza, para sanarnos, relajarnos y fortalecernos.

 

Ignacio Abella en su libro La magia de los árboles, describe esta conexión así:  “La fuerza que genera sembrar un árbol no se manifiesta en un gran vigor físico o en euforia, sino en una peculiar calma regeneradora. Nos ayuda a recuperar el equilibrio, la serenidad y sensibilidad. Nos hace más fluidos y restaura en definitiva la salud, modificando el ritmo y nivel físico, emocional y mental. Es como si nos conectáramos en otra red de energía, en símil eléctrico, de mayor potencia y más baja frecuencia”.

 

En lo ambiental

 

Desde un punto de vista más racional, los árboles actúan contra el calentamiento global ya que absorben del aire CO2 y gases efecto invernadero, pero además brindan otros importantes servicios ambientales como ofrecer alimento y refugio para insectos y aves, recuperar parte del paisaje originario, evitar la erosión del viento y del agua, purificar el aire en las ciudades, disminuir la contaminación auditiva, embellecer espacios públicos y ayudar a combatir el efecto de isla de calor en las ciudades.

 

Los árboles poseen un efecto termo regulador porque captan la luz del sol y proyectan su sombra al suelo y evitan que la fauna y otro tipo de flora reciban directamente los rayos solares.

 

Además, la relación que existe entre el agua y los árboles es esencial para la vida del planeta. Una de las razones es que las hojas ayudan a recolectar el agua lluvia, esta se desliza hasta alcanzar el suelo, humedeciéndolo para protegerlo contra la erosión. Y el agua que se filtra hasta las raíces sirve para nutrir toda la vegetación.

 

A su vez, el sistema de raíces hace que los árboles sean capaces de extraer agua de zonas profundas del suelo. El agua se mueve por el árbol y se usa en la fotosíntesis, en el enfriamiento, y en otros procesos de crecimiento. Luego se evapora, como vapor de agua, desde las hojas.

 

En este ciclo, los árboles son “fuentes de agua” vivientes que redistribuyen el líquido: la humedad, que se quedaría atrapada en forma subterránea si no fuera por los árboles, es liberada a través de sus hojas hacia el aire, donde luego se condensa formando nubes y cae de nuevo en forma de lluvia.

 

Definitivamente, sin ellos la vida en la tierra sería difícil de mantener.

 

En CuencaVerde somos consientes de su importancia porque permanentemente sembramos árboles, sembramos vida.

 

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